El Deep Work y por qué debes dejar de no hacerlo

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Al final, lo único que importa son los resultados.

Día tras día, el sol sale para todos y cuando se pone en el oeste, habrá unos cuantos que habrán hecho algo valioso y otros muchos —demasiados— que no habrán hecho nada de valor, que hubiera sido mejor si ese día no hubieran salido de la cama, y hubieran dejado a los demás hacer sin estorbar.

Si observamos a quienes muestran una cara más enérgica, que andan movidísimos, sacando “temas” a diestra y siniestra, convocando juntas solemnísimas, contestando mensajes de texto mientras manejan, no dejando un solo Whats sin respuesta, haciendo llamadas a la vez que envían correos y publican en sus redes, dando vueltas sin parar de un lado para otro; en fin, unos especímenes ejemplares, chambiadores, y que nomás de verlos uno dice: “Me canso de verlo.” Pues bien, estos grandes trajinadores, como regla general, suelen ser los más inútiles, los peores estorbos e impedimentos… Y haríamos bien, al identificar a una persona así, cuidarnos de que no con su afán termine por arrastrarnos a su vorágine de mediocridad e intrascendencia.

Por el contrario, quien opera bajo la superficie, quien le da a cada cosa su tiempo, quien se ocupa concienzudamente de lo relevante, quien quedamente y sin hacer mucho show se pone a sopesar las opciones antes de tomar una decisión, o el que consulta un problema con la almohada (crimen inaceptable para nuestra actual ética de trabajo), es realmente el que, como regla general, crea verdadero valor, y trae significado al mundo: el pilar sobre el que descansa toda gran cultura. En pocas palabras, el mundo funciona gracias al trabajo profundo de quienes todavía saben, o pueden hacerlo.

El trabajo profundo es la aplicación de todo los recursos del ser a una actividad. Estos recursos comprenden la atención, las herramientas, el tiempo, y los talentos.

El trabajo superficial se mide en la cantidad de cosas que se hacen, el trabajo profundo se mide en función del valor de éstas.

En un sistema complejo (del que forman parte la mayoría de los trabajos de nuestros días), el valor absoluto de nuestras acciones rara vez es evidente. No así en profesiones tradicionales donde la pintura, la canción, la artesanía o la escultura se materializan del otro lado de las horas invertidas.

Incapaces de ver el fruto de nuestro trabajo en una obra concreta, nos vemos obligados a asirnos a lo inmediato para encontrar sentido en nuestras acciones diarias. Nos aferramos al business en sí, a la ocupación, el quehacer. Por ello es tan fácil caer en la superficialidad: al desconocer el valor de las cosas, estamos condenados a ocuparnos por el simple hecho de ocuparnos.

Pensamos que el tiempo es intercambiable, fungible, pero la verdad es que no todas las horas fueron creadas iguales. Mejor dicho, no nos relacionamos con todas las horas de la misma manera. Cuando nos aplicamos a una cosa con profundidad y ahínco, el tiempo parece desaparecer, estamos “dentro” de él. Cuando sentimos al tiempo “pasar”, es porque estamos fuera de él, lo estamos perdiendo, se nos va.

Desde el punto de vista de la teoría del Flujo, esto se describe como una “suspensión de la percepción del tiempo”. Cuando estás en los brazos de la persona amada, el tiempo se esfuma. Pero cuando estás viendo el reloj hacia el final de un día pesado, esperando a que llegue la hora de salir disparado, el tiempo se hace particularmente acuciante.

En estados autotélicos (que se satisfacen a sí mismos), como el flujo, la aplicación del ser es absoluta y las herramientas se convierten en extensiones de nuestro ser. El sentimiento de unión con la máquina, o con la naturaleza, o con la obra, es común. Es el momento de inspiración cuando las voces de las musas se alzan, y el numen o el dios se asoman. Lejos de toda esta licencia poética, en estos trances es cuando llegan los mayores resultados. El violinista siente que el violín se hace parte de su cuerpo y la música brota sin dificultad. El escultor siente que el mármol respira con él y comienza a percibir al David bajo la fría roca.

Como todo genio emerge del trabajo profundo, su relevancia de es innegable. El problema se vuelve entonces cómo acceder a éste.

Trabajar con profundidad requiere de estos ingredientes:

  • Tiempo de calidad
  • Atención
  • Un objetivo específico
  • Ocio

¿Qué es el tiempo de calidad? Si tomamos dos horas de un día y las desperdigamos por aquí y por allá, nos quedamos con fragmentos de 15 o 20 minutos en los que, apenas nos encarreramos, ya salió otro quehacer, o ya sonó el teléfono, o ya vino alguien a chismear. La idea de que el tiempo es fungible no toma en cuenta los misterios del tiempo ni nuestra misma naturaleza, que tiene sus horas predilectas.

Además, a la profundidad no se puede acceder nada más de un jalón. Por definición, hay que transitar por algún vericueto antes de llegar al corazón —a lo profundo— del bosque. Desgraciadamente, uno no puede permanecer ahí, esa es una condición reservada para los genios y los locos. Para el resto de nosotros, la expulsión es inmediata, y basta con la menor distracción para privarnos de los sitios más interesantes de la conciencia.

Con el tiempo, o mejor dicho, a través del ritual, uno puede aprender a transitar con mayor soltura por las veredas de lo profundo y así llegar más rápido al corazón de las cosas. Esta maestría se adquiere tras muchos años de práctica, y entretanto no queda más que dedicar tiempo de calidad a lo importante. Hablo de periodos largos e intensos, sin interrupción, de unas tres a cinco horas, a las que uno se acerca con la reverencia de un sacramento.

La atención cumple una función crucial. Estar en las profundidades es penetrar en el terreno de lo sagrado, es un sitio en el cual se nos tolera pero en el que no somos bienvenidos. Incluso nuestra mente no aguanta bien estar ahí. Sin la capacidad de atender con intensidad, el trabajo profundo es imposible pues entonces es nuestra propia mente la que se vuelve fuente de todas las distracciones, es ella quien nos fragmenta el tiempo y nos condena a la mediocridad.

Por este motivo, una de las mayores herramientas para quien busca profundidad es la meditación. Conforme vamos practicando esta disciplina y ejercitando los músculos mentales, nos volvemos más resistentes a las interrupciones, no sólo internas sino también a las externas.

Ahora, sin un objeto específico, la atención no sólo es imposible, sino que la divagación nos conducirá a las peores banalidades. No hay nada peor que aplicarse a algo que es superficial, con la creencia de que es profundo. Es tan absurdo como el senderista que se muere de hambre, perdido en el bosque, tras haber dado vueltas una y otra vez sobre sus pasos, estando a sólo unos cuantos metros de la cabaña del guardabosques. Las mentiras matan, al igual que las mejores verdades.

Finalmente, el trabajo profundo no puede llevarse a cabo sin tiempo de relajación, de descanso y de ocio. De hecho, el estar todo el día ocupados es contraproducente para la profundidad. La jornada de trabajo de 12 horas, si algo ha causado, es más bien un incremento del trabajo superficial, en la multiplicación de los procesos, en la tiranía de las burocracias.

Los maestros del el Deep Work lo cortejan unas cuantas horas cada día y después permiten que las cuerdas de su mente se relajen y vibren a su gusto, lentamente forjando su genio en los hornos oscuros de la conciencia. Ahí se gesta la creación que saldrá a la luz en la siguiente sesión de trabajo profundo. Por el contrario, quien se mantiene todo el día ocupado, todo el día “bajo el sol”, no logra más que chamuscarse y acaba por poner su fe en la inmediatez de aquel espantoso vicio de nuestros días: el sisifeísmo.

El trabajo profundo es una habilidad que se debe practicar y cultivar. No es una característica innata que, si la tienes chido y si no, pues ya ni pex. Esto es alentador pues mientras más practiques el trabajo profundo mayores serán los resultados que obtendrás. Si no lo practicas, cada día te será más difícil hacerlo, y el efecto total del trabajo en tu vida será escaso: tu vida será mediocre. Pero si te aplicas al Deep Work, día tras día, no te quedará más remedio que aspirar a algo grande.


Aquí les dejo consejos y lifehacks para traer el trabajo profundo a sus vidas.

Un artesano profundamente sumido en su trabajo. La artes manuales invitan al trabajo profundo.

1. Apaga el celular

No cabe duda que el mayor distractor de nuestros días es el teléfono móvil. El denostado smartphone, ese estropeador de todo lo valioso, que arruina nuestras vidas a través de la máscara de la conectividad, la productividad y la eficiencia. A través de notificaciones, llamadas y funestas manipulaciones dopaminérgicas, el celular ha logrado situarse como la prioridad en nuestras vidas, como dueño de nuestro tiempo.

El celular ha hecho que hasta lo más trivial se eleve a nivel de prioridad.

Aunque parezca imposible librarse de su influencia, hay muchas maneras de mediar esta situación. Hay apps que bloquean a las demás, así uno puede evitar la tentación de despilfarrar una hora o dos en YouTube, Instagram o 9gag. Yo uso Block apps, la que no sólo me permite bloquear aplicaciones intrusivas, sino que me deja programar periodos en los cuales ciertas apps no están permitidas. Esta periodización es crucial para el Deep Work.

Además de un bloqueador de apps, es necesario usar la función de “No molestar”. Esta función se encuentra tanto en Android como en iOS. Es muy útil para quienes sí tienen que responder a emergencias de vez en cuando, pues se puede configurar para que sí pasen llamadas repetidas. Si alguien llama varias veces —como suele ocurrir en emergencias de verdad— la llamada sí entrará.

Sin embargo, las dos estrategias anteriores son medidas parciales y siempre estará la tentación de levantar el teléfono para ver si no nos escribió alguien. Esto ya es un reflejo para la mayoría. Lo mejor es apagarlo y ponerlo en un lugar que no esté tan a la mano; como mínimo, en la habitación contigua.

2. Agenda tu Deep Work

Todos los días tienes que dejar horas de alto valor para trabajo profundo. Esto significa que no puedes comprometerte a nada más durante esas horas. Especialmente en países latinos, nuestra noción del tiempo es un tanto flexible, y no es raro que agendemos varias cosas a la vez, o que subestimemos el tiempo que nos tomarán.

La clave para comenzar a hacer trabajo profundo es que el tiempo destinado a éste no se vea transgredido por otras ocupaciones o compromisos. Es un tiempo sagrado el cual tus colegas, amigos y familiares, deben aprender a respetar. Esto puede parecer anti-natural a nuestra cultura, tan basada en la cortesía. No obstante, si somos buena onda y acostumbramos a la gente a que estamos disponibles a cualquier hora para cualquier tontería (y el celular hace que esto sea muy factible), no debe sorprendernos que nuestro tiempo esté a la disposición —negligente— de los demás.

Si temes ser descortés o consideras que tener tiempo protegido es imposible en tu lugar de trabajo, te sorprenderá lo rápido que la gente se acostumbra a los hábitos de los demás. Si alguien sabe que usualmente no estás disponible de tal a tal hora, la probabilidad de que te molesten será mucho menor. Te tomará un par de semanas “condicionar” a los que te rodean para que empiecen a respetar tu trabajo profundo.

3. Lleva un diario

Una cosa es agendar y proteger el tiempo para el trabajo significativo, pero otra es mantener el curso de tus acciones a lo largo del tiempo.

Nuestra mente tiende a la entropía. Puedes tener un horario perfecto semana tras semana, pero si no llenas ese tiempo con trabajo valioso, de nada sirve el esfuerzo y más te valdría volverte una de esas personas siempre ocupadas y amantes del ajetreo.

Un diario te otorga un registro de tus objetivos, te da un mapa de cómo vas progresando y además te permite percatarte a tiempo cuando vayas perdiendo el rumbo. No hay nada más revelador que tener un acceso a nuestro yo pasado.

Y no me refiero al Querido diario… que termina por convertirse en un ejercicio de narcisismo y complacencia. El propósito de un diario bien llevado es organizar la mente y orientarla a objetivos concretos.

El método que más me ha funcionado es el famoso Bullet Journal (BuJo)de Ryder Carroll.

Aprende a llevar un BuJo aquí

4. Medita, aunque sea un poco

El tema de la meditación está un tanto polarizado hoy en día. Hay quien lo considera un absurdo new age, y por otro lado está quien lo considera la panacea de nuestro tiempo.

Sea como sea, la meditación, especialmente cuando se hace sin pretensiones de misticismo, es un gran ejercicio para el músculo de la atención. La manera más fácil de practicarla es buscando un lugar callado y tranquilo, sentarnos cómodamente, y tratar de concentrarnos en nuestra respiración.

Pronto verás que es más difícil de lo que parece y que cientos de pensamientos paralelos inundan el flujo de tu conciencia, casi siempre con algo negativo.

La meditación tiene una gran virtud: nos hace darnos cuenta de que la mayor parte del tiempo reaccionamos sin pensar. Todo el que medita vive una vida con mayor intención: uno de los requisitos para el trabajo profundo.

5. Organiza tu día según tu cronotipo

Nuestro cronotipo determina a qué hora del día estamos más dispuestos para ciertas actividades: dormir, comer, trabajar…

El Dr. Breus ha revolucionado cómo pensamos en los cronotipos, al percatarse que los ciclos circadianos son distintos de persona a persona pero que existen 4 “personalidades circadianas” que se ajustan bien a la mayoría.

Los osos

Es la mayoría de la gente. Su ciclos de sueño están determinados por la salida y la puesta del sol. Los osos no tienen problemas para dormir, son personas tranquilas y bonachonas. Los osos son más enérgicos a eso de las 10 AM y tienen energía constante a lo largo del día pero empiezan a flaquear a eso de las 4 PM.

Los delfines

Son personas que suelen ser un tanto neuróticas, susceptibles al insomnio y que se despiertan cansadas incluso después de una noche de sueño. Es muy común que los delfines no tengan un horario fijo. A pesar del caos, son individuos muy inteligentes y perfeccionistas. Es el cronotipo más raro.

Los leones

Son los típicos madrugadores, personas que se despiertan sin necesidad de un despertador y que mientras los demás estamos soñando plácidamente, ellos ya corrieron tres maratones, mandaron 1,000 correos y, por si fuera poco, se mantienen optimistas y lozanos. Muchos líderes son de este cronotipo, y suelen ser personalidades enérgicas y dominantes. Y como dice el dicho, el león cree que todos son de su condición, es el típico mamón que quiere que todos estemos despiertos a las 5 AM. Los leones son quienes, de natural, suelen hacer trabajo profundo. Esto es porque a las horas innobles a las que se despiertan, no hay quien los moleste.

Los lobos

Somos los nocturnos por excelencia. Aquellos a los que, si nos dejan, nos vamos levantando al mediodía —muestra del gusto más exquisito— y que, si por algún motivo nos tenemos que levantar temprano, estamos de un humor atroz el resto del día. Somos aquellos güevones clásicos que también tenemos una tendencia hacia el trabajo profundo, pues cuando nosotros seguimos despiertos, ya no hay quien nos moleste. En un mundo de osos que fue diseñado por leones, debemos tener cuidado de no estropear nuestro día-de-mañana yendo a dormir demasiado tarde (algo que nos encanta). Los lobos tendemos al trabajo independiente y en nuestras manadas abundan artistas, creadores y escritores.

Entérate de tu cronotipo con este quiz

6. Descansa de veras

Si algo me gustaría que se sacara en claro de este blog es que el estar siempre ocupado no es una virtud, sino el peor de los vicios. La capacidad de estar todo el tiempo conectados, puede hacer que perdamos los preciosos momentos de descanso sin siquiera darnos cuenta.

Durante un día de la semana, no agendes absolutamente nada, deja que el antojo y la casualidad dicten las actividades del día. Sal a la montaña, sal a caminar por la ciudad, lee un libro fácil, entrégate con pasión a un hobby, o duerme hasta hartarte. Si te aburres, ¡bien! El trabajo profundo necesita de tiempo vacío, es donde se hacen las conexiones conceptuales más inesperadas, es el momento del Eureka!, el momento para ir a echar una siesta bajo un manzano.

El celular arruina estos momentos. Apágalo si puedes, o compra un celular de barra para llamadas de emergencia.

7. Una sola cosa a la vez

Todos los consejos anteriores te permitirán acercarte al Deep Work, pero poco dicen sobre lo que ocurrirá en esos valiosos momentos de profundidad. Si bien los enemigos externos del trabajo profundo son la distracción, nuestro estado fisiológico y nuestra falta de atención, su enemigo interno número uno es el maldito multi-tasking.

Quien intenta hacer varias cosas a la vez las terminará haciendo todas a medias.

Una sola cosa a la vez. Una sola… Todo lo valioso merece semejante dedicación. Aspirar a los valioso significa sacrificar todo lo que no lo es. El trabajo profundo es un movimiento que abarca dos extremos: la afirmación apasionada, el decirle ¡Sí! a una sola cosa; y la negación de hierro, el decirle ¡No! a todo lo trivial, a lo intrusivo, a lo superficial.

Ahí se comienza a asomar la profundidad, cuando admitimos nuestras limitaciones temporales pero, de cara al abismo, tornamos nuestro defecto en un ventaja, la voluntad de grandeza.

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