Cómo tener mejores redes sociales

Antes de leer el blog, les recomiendo que escuchen el podcast sobre Comunidades voluntarias.

Las redes sociales presentan un problema interesante. Por un lado, son poderosas herramientas que nos permiten interactuar fácilmente con la gente que es relevante en nuestras vidas, sin importar dónde se encuentren. De forma un tanto más siniestra, son una simulación de nuestras necesidades sociales y, como tales, se prestan al abuso y la falsedad. Sitios como Facebook son “trampas psicológicas”, “cajas de Skinner” que nos mantienen pegados a la pantalla, sin que sepamos precisamente el porqué.

Es curioso, pues al parecer hemos perdido la capacidad de diferenciar entre una herramienta social, un sitio de entretenimiento, y una virtualización de nuestras vidas. Esto no es fortuito, pues efectivamente, las redes cumplen las tres funciones, en el punto de transición en el que nos hallamos, entre una realidad aumentada y una realidad virtual.

No quiero parecer futurista, pero cada vez, más elementos virtuales irán apareciendo en nuestras culturas, y cada vez tendrán mayor relevancia. Es algo que ya vemos entre los más jóvenes, quienes han crecido siempre en un mundo de redes sociales: sus interacciones sólo son relevantes o significativas cuando quedan validadas en los mundos virtuales. Los más ancianos, podríamos pensar que se trata de una pérdida de la “realidad real” y sus muchas virtudes. Sin embargo, ese diagnóstico no considera que parte fundamental de la realidad es la intencionalidad que conlleva: las redes sociales poseen la intencionalidad de los participantes, y las interacciones que surgen en éstas son tan reales — o tan falsas — como las que conforman países, naciones, e instituciones.

Dicho de otra forma, las redes son formadoras de cultura, y por lo tanto inextricables de nuestra realidad. Esto no quiere decir que alguien no pueda vivir sin ellas. Del mismo modo, alguien puede vivir sin teatro, música, libros o excelente conversación cafetera; pero, ¿no mejoran estos últimos la experiencia de nuestra vida social?

En fin, las redes están para quedarse. Y así como uno evita leer malos libros, o escuchar música espantosa, del mismo modo resulta inteligente cultivar las redes sociales. Surge un nuevo modo de discernimiento intelectual. Así pues, les traigo algunos consejos prácticos de cómo convertir sus redes en una herramienta para el descubrimiento y la interacción significativa. La idea es fomentar comunidades voluntarias en las redes, de tal forma que los intercambios sean relevantes, y se establezca una sinergia que conlleve a la innovación.

Dime con quién andas y te diré quién eres

Voy a centrar mi discusión en Facebook, pues es la red social más usada, pero los mismos principios aplican a las demás.

Facebook recompensa a sus usuarios numéricamente. Es decir, se considera mejor quien más amigos tiene, quien más likes puede obtener para sus publicaciones. Sin embargo, esto es una falacia. La idea de que existe algún beneficio en conectarse con los amigos de la infancia es absurda. Es sentimental… pero es absurda. ¿Cuántas veces no hemos hecho amistad en el Face con algún viejo conocido sólo para decir “Un gustazo saludarte!” y que ahí se acabe el asunto? Hacer amistad digital con alguien que vimos una vez en algún lugar del cual no queremos (o ya ni siquiera podemos) acordarnos, es todavía peor.

Tener demasiados amigos de hecho es contraproducente. Facebook no selecciona lo que aparece en nuestras actualizaciones según la cronología, lo hace según lo que su algoritmo interpreta como relevante. Tener cientos de amigos sólo “debilita” esta noción, y comienzan a aparecer posts que tienen muy baja probabilidad de aportarnos algo útil. Si por el contrario, fomentamos un grupo selecto de amistades, con quienes tengamos intereses en común, en nuestras noticias aparecerán posts significativamente más relevantes.

Otoño-Invierno y Primavera-Verano

Una estrategia para mantener límpida nuestra lista de amigos es una sencilla regla estacional. Si llevamos más de seis meses sin interactuar con una persona, hay que eliminarla de nuestras redes. Hacer esto, probablemente implicará que muchas personas también nos van a borrar de su lista. No pasa nada: el ego sobrevivirá.

En caso de que nuestra vida esté llena de personas inmaduras que se van a ofender si no las tenemos en el Face, una solución es seguir siendo amigos, pero ocultar sus publicaciones.

Si no se quieren deshacer de su impresionante número de amigos en redes, entonces quizás valga la pena que inviertan un poco de tiempo jugando con las opciones, para darle prioridad a personas que publiquen cosas de calidad, y no verse agobiados con publicaciones inútiles. Es un proceso un tanto engorroso, pero con cinco minutos al día, en una semana su feed tendrá un nuevo rostro.

Las redes son un espacio público

Alguna vez, interjecté a alguien en redes, por publicar sin cesar contenido reciclado, que no era de su autoría, y que en general no aportaba nada nuevo, ni relevante. Su respuesta fue que todos tienen derecho a expresarse y que todos merecen respeto. Es una proposición problemática, pues la verdad es que las redes son un espacio público. ¿Qué pensarían del vato que grafitea lo primero que se le viene a la cabeza en las paredes del barrio? “Roxxxana te hamo!!! 2geder4ever”. ¿Defenderíamos su derecho a invadir el espacio público con sus mensajes? ¿Me doy a entender?

graffiti

Personas que publican muchas veces por día, y que no publican nada original, o sólo están viendo qué graciosada reciclar para obtener más likes, no comprenden el sencillo principio de que si todos estamos hablando al mismo tiempo, nadie va a escuchar nada. Lo mejor, es dejar de seguir a estas personas.

Gatitos para el Premio Nobel de la Paz

Las comunidades voluntarias implican actividad. Es imposible que se generen interacciones significativas en redes si no existe antes participación en los lugares relevantes. Por ejemplo, es triste cuando un buen post recibe muchos likes pero pocos comentarios. Es igual de triste cuando recibe muchos comentarios, pero todos son del estilo de “Claro! Muy cierto!” o “Eres una mierda, ojalá te mueras”.

Estimando el peso de las publicaciones

Los algoritmos de las redes miden la relevancia de una publicación sí, según el número de likes, pero tienen quizás más peso el número de veces que se comparte y los comentarios que se desarrollan en torno. La gran mayoría de lo que se comparte en redes pasa desapercibido, es algo que carece de votos, y que nadie quiso compartir con sus conexiones. Casi todo lo que se publica en redes es relleno. Irónicamente, las publicaciones más estúpidas e imprecisas, suelen causar un cierto furor. El peligro subyacente, es que publicaciones similares serán favorecidas por el algoritmo en un futuro. En redes hay un mecanismo para premiar la banalidad.

Puede ser que no te importe en absoluto ver a un gatito chupándose la cola… pero si todo mundo comparte y le da like a las cosas más absurdas, la estupidez será premiada por las redes, y las publicaciones insulsas se volverán cada vez más prevalentes.

Así pues, si ves algo que capte tu interés, y que aparte merezca ser compartido, haz un esfuerzo para darle mayor peso y relevancia. Puedes no sólo compartir y dar like, sino además aportar algún comentario que no sólo sea un elogio del estilo “Me encantó! Un abrazo!” No es tan difícil decir algo un tanto más sofisticado, que fomente la discusión.

sexy cat

Aportar valor es un gran valor

Todos tenemos algo que aportar en este mundo virtual que apenas comenzamos a construir. El Internet es un gran nivelador, que redime vidas humanas que pasarían desapercibidas de otro modo. En redes, se tejen las historias que fundamentan la narrativa de nuestra existencia. Por así decirlo, en redes estamos creando las nuevas mitologías. Por lo tanto, en redes hay un enorme potencial para la creación, y en éstas pueden surgir comunidades voluntarias, capaces de mantener un enfoque mucho más específico que el que se suele dar en la “realidad real”.

Pero para que esto ocurra, debemos adoptar cierta responsabilidad editorial. Nadie puede regular el esfuerzo y la calidad que imprimimos a nuestras publicaciones más que nosotros mismos. Esto parece una falla fundamental del sistema, pues la especie humana no es particularmente conocida por su templanza. Sin embargo, las recompensas son muchas, si es que logramos este hábito.

Algunas restricciones editoriales que deberíamos imponernos son las siguientes:

  • Dirigir nuestras publicaciones a audiencias específicas, buscando un efecto cualitativo, no cuantitativo.
  • Preguntarnos “¿Qué aporta esta publicación?” Puede ser información novedosa, creaciones propias, opiniones que fomenten el debate, invitaciones a eventos relevantes a la comunidad, e incluso fotos que además de alimentar nuestra vanidad, sean un buen memento para los participantes. Si la respuesta a la pregunta es “nada pero está cagado”, también se vale, pero esto se puede compartir para mayor efecto en comunidades como 9gag y afines.
  • Verificar fuentes y la veracidad de la información. Esto es particularmente importante si uno de nuestros intereses es la política. Recuerden la infame elección estadounidense de 2016, y vean la peor telenovela mexicana, que llegará a sus feeds en 2018.

Algunas restricciones editoriales que NO deberíamos adoptar:

  • Reportar contenido como ofensivo o pornográfico, sólo porque no estamos de acuerdo.
  • Silenciar comentarios que, sin ser ofensivos gratuitamente, están en desacuerdo con nuestro punto de vista.
  • Ser políticamente correctos al grado de que toda interacción sea algo como: “Muy bueno!”, “Gracias por tu comentario”, “De nada”.

Vete al diablo, ¡nadie necesita un policía de internet!

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Es verdad, no hay nada más odioso que alguien que trata de regular las redes y se siente, por algún extraño motivo, imbuido para hacerlo. No estoy, de ninguna forma, diciendo que yo tenga derecho a ser un policía de internet. De hecho, la idea fundamental de este artículo es que cada quien regule sus redes para que mejor sirvan a sus propios fines. No se trata de censurar a los demás.

Si nosotros no regulamos nuestras redes, y no aceptamos la responsabilidad que nos corresponde, alguien más lo hará. Los policías de internet ya existen.

Después de la elección estadounidense de 2016, Google, Facebook, y los demás gigantes del mundo virtual, aumentaron las reglas de sus algoritmos para evitar que contenidos ofensivos, falsos, o maliciosos, pudieran difundirse en redes. Esto suena como algo positivo. Sin embargo, en la práctica, todo contenido controvertido, crítico, escéptico o innovador, se vio afectado. Si bien las intenciones eran buenas, y se intentaba detener la propagación de las fake news, el efecto fue premiar contenido inocuo e insípido. El mundo cultural jamás había sido tan fértil para los gatitos.

El mundo está lleno de lugares maravillosos

Las redes sociales están en su infancia, y realmente no sabemos cómo se vayan a ver en veinte o treinta años. Éstas nos han dado nuevas formas de interactuar socialmente, y es probable que nuevas se vayan desarrollando en un futuro próximo. Facebook imita nuestra forma “real” de interactuar, y quizás por ello es la red más usada en el mundo.

Twitter, una red que supuestamente lleva años muriendo, fomenta una interacción distinta, que se basa más en la influencia que uno pueda tener. Es una red ideal para personas públicas, celebridades y personalidades varias. Twitter permite modular el feed de una manera mucho más precisa que Facebook. Me parece que su aparente pérdida de usuarios debe entenderse más como una selección que como un síntoma inexorable de decadencia. Por cierto, síganme en @pablombrener.

Google+ es mi red favorita por dos motivos principales: nadie la usa y se organiza en torno a comunidades. Si bien Facebook se administra en torno a los conocidos, la red social de Google se fundamenta casi por completo en torno a desconocidos. Los intereses y los propósitos son más importantes en esta plataforma. En mi opinión, es el mejor lugar para crear comunidades enfocadas, y como siempre, debo recordarles que si son escritores, vayan a Escritores Enfocados.

Ahora bien, pensar que Google le sigue invirtiendo a Google+ nada más por que sí, o por pura vanidad, es un poco arrogante. La capacidad analítica que tiene el gigante de Silicon Valley, rara vez los lleva por caminos erráticos. Más bien, somos nosotros quienes no tenemos el mapa, y creemos que van dando tumbos por ahí. Me parece que hacer de su plataforma un lugar para las comunidades es un acierto, que ve muy lejos en el futuro.

Redes como Instagram y Snapchat se fundamentan en lo efímero y lo inmediato. Son redes que logran una mayor espontaneidad, pues no existe el peso de la permanencia. Al fin y al cabo ¿quién quiere ser juzgado por un tweet borracho de hace 10 años? Claro que, en mi opinión, la verdadera esencia de estas redes es una primera incursión en la realidad aumentada.

trumpo

Para los amantes del contenido largo, debo encomiar a WordPress, una plataforma en la cual escritores, reporteros, y ensayistas de todo tipo, pueden compartir contenido de alta calidad, y descubrir contenido excelente.

Pues bien, queridos lectores y escuchas del Piscolabis Metafísico, las redes sociales son sólo plataformas, el proscenio sobre el cual actuamos y continuamos el drama humano. El sentido que les demos, depende casi por completo de nosotros. La idea que uno puede mantenerse pasivo en redes es igual que pensar que puedo dejar un huerto sin cuidado, y que las malas yerbas no lo van a invadir. Así pues, nos invito a interactuar de forma significativa y humana.

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